“Si voy a llegar al Ironman de Valdivia 2026, quiero hacerlo bien. Llegar y cruzar esa meta como corresponde.” 

A Jorge Rivera lo mueve la determinación y un sueño que arrastra desde joven, cuando veía el Ironman de Pucón por televisión y se imaginaba recorriendo esos paisajes. Con el tiempo volvió al deporte, aprendió a nadar desde cero y se inscribió en su primer triatlón. “Casi me ahogué… pero cuando salí del agua sentí que había vuelto a nacer”, recuerda. Hoy ya suma competencias en Iquique y Puerto Octay, donde completó su primer triatlón olímpico: “Me dijeron que la ruta era casi tan dura como un Ironman… y parece que tenían razón”, por eso, cada vez que entrena repite la frase que lo acompaña desde que decidió ir en serio por este desafío “Si voy a llegar al Ironman de Valdivia, quiero hacerlo bien. Llegar y cruzar esa meta como corresponde”. 

Más allá del deporte, Jorge es papá de Felipe (26 años), Gadiel (14 años) y Rocío (12 años), quienes se han convertido en su mayor fuente de energía. “A veces uno cree que ellos necesitan más de ti… y muchas veces es al revés”. “El primer abrazo te recarga al tiro”. Esas horas juntos son su manera de equilibrar su vida.

En su tiempo libre entrena con disciplina para cumplir uno de sus grandes desafíos personales: completar el Ironman en noviembre de 2026. Su otra gran pasión es el fútbol, le encanta jugar con su grupo de amigos donde, como él mismo dice, “los chascarros valen más que los goles”. También disfruta de la comida casera, especialmente un buen pastel de choclo, unos porotos o un lomo saltado. Y cuando necesita desconectarse, vuelve a Siete Años en el Tíbet, una película que, según confiesa, “cada vez que la veo me deja algo nuevo”.

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