El cambio comenzó como suelen empezar estas cosas, cajas por todas partes, herramientas que parecían multiplicarse y ese clásico “¿y esto de quién es?”. Después de años trabajando en las antiguas instalaciones, el equipo de Andina emprendió la mudanza hacia un espacio nuevo, luminoso y pensado para acompañar mejor la operación. No fue solo mover materiales; fue desprenderse de una rutina para abrirle paso a otra.
La llegada al nuevo edificio se sintió distinta desde el primer día. Ventanales amplios, áreas abiertas, espacios para descansar un momento y un casino que, por fin, está a pasos y no a 1 hora de distancia en bus. Ahora, la comodidad se volvió parte natural del trabajo. “Todo es nuevo y más centralizado. La gente lo nota, y el confort que entregan estas instalaciones se agradece desde el primer minuto”, cuenta Cristian Zamudio, Subgerente de Planificación, quien ha acompañado el proceso y conoce de cerca lo que significó este cambio para el equipo.
Pero el relato no se remite sólo a lo estético. También llegó un impulso operativo, más naves, mejor distribución, mayor iluminación y dos puentes grúa que facilitan el trabajo diario. La diferencia se siente en cada turno. “Antes trabajábamos muy compactados; ahora tenemos más espacio y una organización más clara, lo que nos permite operar al estándar que requerimos”, finaliza Cristian.






Deja un comentario